martes, 7 de febrero de 2012

Primer contacto

"La seducción es el más astuto, esquivo y útil sistema de poder. 'Manipula' la más importante debilidad de cualquier persona: el deseo de placer." Robert Greene

De bebés venimos programados mentalmente para seducir, seducimos a nuestra madre desde el primer momento en que venimos al mundo. Con nuestro llanto evocamos en ella sentimientos de protección, de cuidado, de cariño y amor; ésto es seducir: provocar en otros sentimientos que nos favorecen, que por simple que pudiece ser la tactica, funciona. 

De niños sabemos que acercarnos con una sonrisa y un juguete podemos hacer amigos, pero poco a poco en la medida en que crecemos la sociedad nos hace mas frivolos y olvidamos el gran poder que desde el nacimiento tenemos. Nos volvemos odiosos, se nos hace incomodo el contacto fisico, dejamos de sonreír a desconocidos y terminamos leyendo libros de autoayuda para recordar cómo desenvolvernos con los demás.

La seducción es el más sutil sistema de poder. Poderoso en las manos de la mujer adecuada y devastador para el objetivo que se cruce en su camino. Sutil en el sentido de que no se está percatado el objetivo de que está siendo seducido, hasta que es demasiado tarde: ha caído bajo el encanto desmedido de quien mueve los hilos.


Acá entramos en materia! Chicas, ¿qué nos hace exitosas? ¿Se han percatado de cual es la mayor arma seductiva que poseemos? La coquetería. De niñas nos enseñan que 'las niñas deben ser coquetas'. En ese tiempo no entendía que significaba ésto hasta hace poco: ser coqueta es resaltar tus lineas expresivas que te caracterizan como mujer, las cosas que nos diferencian de los chicos. Ellos no son limpios, ni ordenados, ni calculan su vestuario, ni tienen curvas suaves, ni senos, ni labios carnosos, ni cejas interesantes, ni una voz dulce y cautivadora. Todo lo contrario, son toscos, sucios, brutos, despreocupados, con rasgos físicos (en su mayoría) recios y secos... Por consecuencia, nuestros atributos les atraen, los vuelven locos si los sabemos mostrar efectivamente, porque ellos no los poseen -una ley psicológica básica, deseamos lo que no tenemos-.


Pero la coquetería es sólo un arma de muchas tantas; aprendamos más, y seduzcamos más.



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